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domingo, 1 de diciembre de 2024

Más que una maratón

Después de una pausa el año pasado en Valencia, decidí que desde 2024 en adelante participaría en la maratón de mi ciudad hasta que el proceso cambie, pues hay corredores que opinan que el actual sistema es injusto al dar preferencia en la inscripción a aquellos que participaron en la edición anterior, y quizá un sorteo, con un precio único, como suelen hacer por ejemplo en las Major u otras competiciones deportivas con gran participación (Quebrantahuesos, Travesía Tabarca, Penyagolosa Trails), es la opción que algunos considerarían como más justa. 


Estaba muy motivado en la puesta a punto para esta carrera, pues, aunque no tengo demasiado tiempo para poder prepararla como se debe para hacer un tiempo decente, después del rendimiento este año en Estados Unidos y Alemania, pensaba que con un poco de intensidad en los entrenamientos, podría acercarme a las 3h15'. Cuando tenía el tiempo calculado para poder dar ese salto de calidad en la preparación, llegó la fatídica dana, y con ella, un serie de acontecimientos que han detenido por completo la preparación hasta el punto de llegar incluso a dudar si podría participar en la carrera; he estado fuera de combate durante tres semanas en las que el objetivo principal ha sido intentar estar bien en mi día a día en el trabajo y la familia, e ir recuperándome de todos los males en forma de virus que, uno detrás de otro, han ido interrumpiendo mi vida deportiva últimamente.

Aunque por momentos parecía que la maratón podría haberse cancelado, finalmente sale adelante. Si no se hubiera hecho, lo habría entendido. Me guardaba la opción de Castellón bajo la manga por si acaso. Me despierto la mañana del día D con las mejores sensaciones de salud de las últimas tres semanas, lo que es buena señal, aunque carezca de preparación física. No sé cómo plantear la carrera con todo lo que he pasado. Decido seguir con el plan que tenía un mes atrás, salir a arriesgar e idear un ritmo de carrera que oscile alrededor de los 9'30'' cada dos kilómetros, con un +/- 10'' para no acelerarme demasiado aunque me encuentre bien, y tener una referencia para intentar correr por debajo de 5'00''/km.


Tras una salida muy emotiva que me hace saltar las lágrimas, inicio mi aventura hasta donde el cuerpo aguante al ritmo planeado. El doble paso por Blasco Ibáñez, con la familia al completo esperándome, hace que los primeros 18 kilómetros de carrera pasen casi sin darme cuenta. Estoy en tiempo. Las referencias siguen siendo buenas. Los tiempos de paso cada dos kilómetros se mantienen dentro de lo previsto. Cuando parece que las fuerzas empiezan a decaer, el hidrogel de Maurten proporciona ese aporte de energía especial que el cuerpo va asimilado a las mil maravillas.


El muro aparece en el km32, pero no es una consecuencia de haber gestionado mal la carrera, sino por haber llegado sin kilómetros al tramo final de la preparación. Sinceramente, para mi sorpresa, no esperaba que el fallo muscular apareciera tan tarde. Levanto el pie del acelerador, desaparece el ligero bagaje que llevaba acumulado hasta este punto y, sin piernas, empiezo a correr con la cabeza. Sigo tomando referencias cada dos kilómetros, ahora ya sí se hacen más largos, y estoy rodando pocos segundos por encima de 5'00''/km. Una lástima estas últimas semanas porque seguramente hubiese hecho una muy buena carrera. 

Entro en meta en 3h24'34'' (4'51''/km), con la sensación de haber consumido toda la energía que tenía disponible para esta carrera. Mejor no ha podido salir a pesar de los inconvenientes. Con la de hoy doy por cerrado un gran año deportivo con tres maratones por debajo de 3h30' y finisher de un medio Ironman. Llega el momento de mantener la forma con otras actividades y dejar aparcadas las competiciones hasta 2025.

domingo, 21 de abril de 2024

Half IronMan, Full IronDad

Después de terminar el Ironman de Vitoria tenía claras dos cosas: la primera era que ya no volvería a hacer un full distance, y la segunda era que cuando en algún momento volviesen a hacer un half en Valencia, esa sería mi despedida en la distancia. Para mi sorpresa, a finales del año pasado, Ironman anunciaba el lanzamiento del primer half distance de la franquicia en casa, con una puesta de escena espectacular, que reuniría en una misma prueba buena parte del trazado de dos de los eventos con más tradición de la ciudad: la travesía al Puerto y la Marcha Cicloturista de Valencia. Como colofón final y gran novedad, una media maratón en un recorrido a dos vueltas en el Antiguo Cauce del Río Turia, con meta en el corazón de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pondría la guinda a un pastel que cada vez más estaba más convencido no quería dejar de probar en su puesta de largo.


Yo, que siempre he tenido que salir de mi ciudad para poder competir en estas distancias (Ibiza, Salou, Gandía, L'Ampolla, Almassora, Peñíscola, Oropesa y Vitoria), veía como Ironman se decidía a traer su caravana a mi tierra. ¿Cómo iba a perderme esta oportunidad? Sé que no estoy ni de lejos en mi mejor momento para entrar en una competición de este tipo, pero, ¿por qué no plantearse la prueba como una retirada en el mejor de los escenarios, sin prestar demasiada importancia al rendimiento o al crono final? Para este evento, a diferencia de todos los anteriores, no es necesario desplazarse fuera de la ciudad. No necesito alojarme en ningún hotel. La decisión está tomada. Sólo falta encontrar la manera de encajar un Half IronMan en un estilo de vida Full IronDad.

La carrera a pie es con diferencia la disciplina que menos me preocupa, pero la natación y, especialmente, la bicicleta, son toda una incógnita. En los últimos cinco meses he completado tres maratones con un rendimiento fuera de lo normal para el poco tiempo que les he dedicado y la escasa calidad de los entrenamientos. Para preparar el sector de natación he estado durante dos meses en una piscina, en sesiones que no pasaban de 2000 metros. El sector ciclista ha quedado reducido a una pocas sesiones de spinning, tal vez una decena, de las que las de mayor duración no superaron una hora. La falta de tiempo ha sido el elemento clave de una preparación que se ha quedado muy corta. Se hará lo que se pueda.


Y así llegamos al día en que el calendario lleva la fecha marcada en rojo, con una M de color rojo adornada con un punto en su parte superior. Decido, con el criterio de los últimos tests en la piscina, entrar en el cajón de 30'. Salida roll start. Se agradece el neopreno en la toma de contacto con el agua de la Marina, pero no se cómo va a responder ya que no he podido probarlo antes; eso sí, aunque ha costado, al menos he podido entrar. Tal vez porque me estira mucho el neopreno en la zona de los hombros y no me permite dibujar las brazadas como acostumbro, tal vez porque me estoy llevando algún que otro golpe, tal vez un poco de todo, no voy tan ligero como esperaba. En otras ocasiones, hubiera buscado unos buenos pies que me ayudaran a llevar un ritmo alegre, pero eso era otra época. Decido abrirme un poco del pelotón y nadar a mi aire, sin presión. El tiempo del sector refleja mis sensaciones (35'24''; a 1'51''/100m), muy lejos de mis testeos y aun más lejos de mis marcas en condiciones óptimas de entrenamiento.

Salgo del Tinglado 2, donde está ubicada la T1, sobre ruedas. La bicicleta, que no he tocado desde Vitoria, hace casi dos años, podría decirse que es nueva. Después de varios cambios, ha dejado de ser una cabra, pues ya no tiene aerobars, para convertirse en una flaca convencional. En el tramo en llano y cuesta arriba hasta la parte alta del recorrido (km37), pierdo pocas posiciones para el nivel general que me rodea, pero es sobre todo cuando la carretera se inclina hacia abajo cuando caigo de manera estrepitosa en la clasificación; casi 200 posiciones. Me pasan por todas partes. El terreno vuelve a ser llano a partir del km57, donde mejor me desenvuelvo, pero ya no tengo la chispa del primer tercio del sector. Faltan unos 20km hasta poner pie en tierra y ya no me quedan piernas. Entramos a Valencia por Campanar y, siguiendo toda la Ronda Sur, llegamos hasta la T2, donde cuelgo la bicicleta después de casi tres horas a 31.17km/h de media del sector al que más respeto tenía. Ahora viene lo mío. Zapatillas, dorsal al frente y a disfrutar, que esto se está acabando. 

El ambiente es increíble en el Turia. Hay espectadores por todo el recorrido que animan en una gran variedad de idiomas. Yo estoy ansioso de escuchar el apoyo de mi hinchada. Ya los veo. Mi familia al completo está ahí, viéndome competir en casa, cerrando un período de cinco triatlones de media y tres de larga distancia desde 2016. Soy feliz. Hago cálculos rápidos y sé que voy bastante por encima de 5 horas aun haciendo buena carrera a pie. No dudo un momento en pararme y dar un gran abrazo a mi pequeño guerrero. Ginvile y mi madre me han visto en otras batallas, pero esta es la primera vez que Edgar me ve competir como triatleta. Se me está haciendo corto el sector. No llevo las referencias bajo control, pero por la cuenta de la vieja, creo que estoy en ritmos similares a los de mis mejores halfs. Cruzo la meta con un parcial de 1h37'17'' (4'38''/km) en la carrera a pie y un acumulado de 5h14'05'' para el total de la prueba. Mi peor registro, sí, pero con la satisfacción de haber hecho una carrera lo más dignamente posible que mi estilo de vida me ha permitido a día de hoy.


Ahora es momento de seguir disfrutando con las maratones, que son pruebas con menos exigencia logística, más sencillas de gestionar con el tiempo disponible y con más facilidad a nivel general para que la familia podamos combinar nuestras dos grandes pasiones: los viajes y el deporte.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Un lastre de felicidad

Hay muchas metodologías de entrenamiento para preparar el reto de correr una maratón. Los objetivos pueden ser ambiciosos, explorando los límites fisiológicos personales, o bien puede plantearse la carrera con la esperanza de ser Finisher, sin darle importancia al crono. Podría decir que me encuentro a medio camino entre un planteamiento y el otro. Por una parte, llevo casi tres meses sin entrenar, con un lastre de más de 80kg sobre los pies, de modo que no se cómo va a responder mi cuerpo, y por otra parte, tengo que ser realista y, en estas condiciones, por mucho bagaje que lleve en mi vida como deportista de larga distancia, no debo pensar en otra cosa que no sea intentar cruzar la línea de meta sin ningún tipo de presión.

La maratón es como un estilo de vida, con una disciplina de tareas casi diarias que se prolongan durante unos tres meses, que te permiten el día de la carrera disfrutar una gran aventura deportiva. Es mi distancia favorita, no se puede subestimar, no se puede pretender salir a verlas venir, porque se trata de un gran esfuerzo que, más rápido o más lento, va a pasar factura al organismo. Pues aun teniendo en mente todo esto, voy a correr, tirando de la experiencia de mis 22 maratones anteriores. No estoy nervioso porque pienso que tengo todo bajo control. 

A las 08:55h tomo la salida en el penúltimo cajón, ligeramente por encima de 5'/km. No lo sé con exactitud porque he tomado la decisión de salir sin reloj. Me voy guiando con las horas de los termómetros que me voy encontrando por la ciudad. La climatología es perfecta para quienes vayan a buscar marca, nublado, sin viento. No es mi caso. A medida que van pasando los kilómetros, la energía va decayendo poco a poco. Al principio casi ni me doy cuenta, pero al llegar al km25, me doy un baño de realidad. Esto no es una broma. Una maratón siempre te pone en tu sitio. Si los deberes no están hechos, no se le pueden pedir milagros a las piernas. Si la musculatura no está preparada para soportar la dureza del paso de los kilómetros, el tío del mazo no te va a perdonar. Yo esta vez soy una de sus víctimas favoritas, uno de esos que salta al asfalto con más corazón que preparación. Me merezco la paliza que me ha dado cuando he pasado por su lado. Se ha cebado conmigo. En el km34, donde el año pasado una lesión en el gemelo me cortaba las alas en mi camino hacia un sub 3h15', este año he tenido que recurrir al método Galloway para salvar los muebles en una recta final que se me está haciendo muy cuesta arriba.

Aunque físicamente estoy machacado, la cabeza se ha mentalizado en que es cuestión de tiempo lograr el objetivo. En el dorsal está serigrafiado el nombre de mi pequeño guerrero. Las miles de personas que se se distribuyen por todo el recorrido animan a los corredores en todos los idiomas. Forza!! Vai!! Aupa!! Go go go!! Nadie de los que alcanza a leer el dorsal y rápidamente pronuncia ese nombre que cada vez que lo escucho me llena de energía, puede llegar a imaginar lo que me están ayudando a seguir adelante. Si en estos casi tres meses no he podido tener una preparación adecuada, es porque mi estilo de vida ha cambiado. Cuando hace un año me inscribí en la carrera, no sabía que doce meses después sería padre de familia.

Hoy más que nunca, la rampa de bajada al río me la tomo con muchísima precaución. Llegados a este punto, sería una lástima echar a perder todo el esfuerzo con alguna lesión. Cruzo la línea de meta de la maratón más lenta de mi vida en 4'07'16" (5'52"/km). Estoy contento por haber sumado una más a mi colección, pero me digo a mí mismo que nunca más volveré a participar sin preparación en una prueba deportiva de resistencia. 

Ahora mismo mis pensamientos están dirigidos casi al 100% en una sola dirección. No sé cuando volveré a competir, pero lo que sí tengo claro es que cuando lo haga, estaré en óptimas condiciones para poder volver a rendir lo mejor posible.

domingo, 5 de diciembre de 2021

La debilidad de Aquiles

Después que en 2020 las restricciones Covid hicieran de la maratón de Valencia un evento exclusivo para los élite en su 40 aniversario, la ilusión es máxima para esta edición. Con la inercia de la maratón de Londres y un planning semanal con tres días de carrera a pie, dos sesiones de natación, dos de gimnasio y alguna salida con MTB, siento que he hecho los deberes bastante bien para intentar lograr un nuevo sub3h30'.



Según avanzaban las previsiones meteorológicas, la mañana sale muy ventosa. Quizá por error de la organización al asignarme el dorsal, o mío al indicar el tiempo previsto, tengo la salida en la tercera oleada, los inscritos para sub3h45'. No pasa nada. Me sitúo muy cerca de la primera línea, de modo que cuando da comienzo mi maratón puedo correr a mi ritmo sin que me entorpezcan ni molestar a nadie. En unos pocos metros me doy cuenta que el error se ha convertido en un gran acierto. 

La calle está muy despejada. La segunda oleada (sub3h30') ha salido quince minutos antes y somos pocos los corredores que vamos a un ritmo bastante más vivo que el color con el que hemos sido identificados (dorsal azul). Como casi siempre, voy tomando referencias cada 2km con la idea que los tiempos queden entre 9' y 9'20".  Voy muy cómodo en estos ritmos aunque esto solo acaba de empezar. El viento se nota pero no molesta tanto como pensaba. El ambiente es fantástico. ¡Qué ganas tenía de volver a recorrer Valencia como parte activa de su evento deportivo estrella!

Al pasar el ecuador de la carrera, el rango de tiempo va acercándose cada vez más a 9'20", pero no hay nada de que preocuparse. La energía no decae más de lo esperado; el Powerade y los suplementos energéticos Enervit de la organización están funcionando perfectamente como combustible, y además, tengo más de 2 minutos de renta. 

Cambio de estrategia en el km28 al observar que voy perdiendo algo más de velocidad e intento marcar tiempos entre 9'20" y 9'30". En el km33 aparecen los problemas de verdad: una ligera molestia en el tendón de Aquiles de la pierna izquierda, la no operada. El dolor va a más, y a la altura del puente de Campanar, se hace insoportable. No puedo correr!! Intento trotar despacio, pero duele demasiado. ¿Qué pasa? Decido andar rápido. Molesta menos. Paso junto a Cadu, desgraciadamente sin "hacerlo tan fácil" como la primera vez que nos hemos visto por Blasco Ibáñez. Muscularmente estoy bien, pero esto es una lesión. Aprovecho un banquito para estirar fuerte. Me reincorporo a la carrera al trote 4' después de detener la marcha. Duele, pero apretando los dientes espero que algo se pueda hacer.

Ahora tomo referencias cada kilómetro, y el Timex muestra que el ritmo es de aproximadamente 6'/km. Quedan 8 kilómetros muy complicados por delante. No se hasta donde podrá aguantar la pierna. Los dos puntos de asistencia con Reflex se convierten en mis avituallamientos especiales. Estoy seguro que mi expresión es el reflejo del sufrimiento que estoy soportando, así que mis ojos solo miran el asfalto. ¡Ahí va! Sara ha tenido que saltar casi hasta la mitad de la calle para transmitirme fuerza con sus ánimos. ¡Gracias! A Mirna, que estaba justo a su lado, ni la he visto. 

Hago cálculos mentales y me alegra saber que aun con la lesión voy a poder cumplir el objetivo. Este año la rampa desde la calle Alcalde Reig hasta el río es menos pronunciada que en anteriores ediciones, cosa que agradezco porque hoy más que nunca, le tengo mucho respeto. Las mías no son zancadas, sino mucha frecuencia de pequeños pasos. Voy así desde hace bastantes minutos para minimizar la fase de vuelo y no sobrecargar más aun el tendón de Aquiles.

Como suele ser habitual, Ginvile se ha hecho hueco entre la multitud a 400m del final para darme el último empujón.  Entro en meta en 3h25'37" (4'53"/km). Empiezo a caminar. Voy cojo. No sé cómo he podido terminar la carrera, pero por suerte soy finisher de mi 21ª maratón.

Pensando posibles causas, puede que la razón principal haya sido no haber calculado bien el kilometraje de las zapatillas (sólo las he usado para competiciones, eso si, durante años) y la pérdida de amortiguación haya sido el motivo por el que ha venido la lesión. En fin. Es momento de ponerse en manos de la buena fisio que tengo en casa y aprender de los errores para seguir viviendo este tipo de aventuras cuando las condiciones sean más favorables.   

sábado, 8 de septiembre de 2018

Mediterránea Triatlón Valencia


Con una primera mitad de año cargada de duras y exigentes competiciones, lo único que me apetecía de cara al verano era desconectar de entrenamientos, darme el gusto de gandulear durante algunas semanas y comer sin limitador... Con este panorama, estaba claro que ni de cerca iba a llegar en buenas condiciones físicas al triatlón de Valencia, que ya con vistas, esta vez decidí inscribirme en la categoría Sprint, modalidad que tenía abandonada desde el año 2009.

Con la incertidumbre de la meteorología, que todo apuntaba que iba a descargar con fuerza durante todo el fin de semana, la falta de fiabilidad que por su antigüedad me transmitía mi antigua bicicleta de carretera, y un cuerpo lastrado con 7 kilos de bonus respecto a mi peso óptimo de competición, así me presentaba a la cámara de salida.

La idea inicial era salir a disfrutar, pero la emoción de verme de nuevo a escasos minutos de volver a entrar en sintonía con la adrenalina de un nuevo evento deportivo se apodera de mi.


Desde la travesía del Puerto de Sagunto, a mediados de Julio, no he ido a nadar más que 4 ó 5 veces. Salgo fuerte. Hay triatletas que nadan con los puños cerrados, porque al paso de la primera boya encajo un fuerte derechazo en toda la cara. Es un milagro que las gafas estén todavía en su sitio. No encuentro pies que me guíen, de modo que abro mi propio camino. A falta de unos 200m para terminar el sector, recojo a una gran cantidad de participantes que habían salido 5' antes. Vaya!! No estás tan oxidado Rafeta...


Estoy habituado a las transiciones sin tanto estrés de las pruebas de larga distancia y esta se me va hasta los 3 minutos. Nadamás cruzar el puente móvil, encuentro mi socio. Nos vamos relevando durante la primera vuelta. Voy sin cuentakilómetros, por lo tanto no tengo referencias de si me muevo demasiado rápido como para reventarme antes de terminar el sector o lo suficientemente rápido como para aguantar bien los 20km de bicicleta. Cuando termina la primera vuelta y tengo que negociar de nuevo el giro del puente móvil, se me va la rueda que estaba siguiendo algunos metros. Justo en ese momento, un participante me pasa como una exhalación, mi socio le coge la rueda y me quedo solo toda la segunda vuelta. Termino el parcial en 34'16", a 35km/h, nada mal, teniendo en cuenta que mi bagaje sobre ruedas en los últimos 3 meses han sido unas 7-8 clases de spinning.

La segunda transición la completo en la mitad de tiempo que la primera. Quedan 5km de carrera a pie por delante. En teoría es mi punto fuerte, pero como comentaba al principio, llevo una mochila de buena vida que he ido cargando bastante bien durante los últimos dos meses. Mi sensación es que, aunque me cuesta, llevo un ritmo alto. No hay referencias en el circuito de carrera a pie, por lo tanto, tampoco puedo ir calculando la velocidad. Los últimos 500m aproximadamente, aprieto los dientes para que alguien que viene acelerando el paso por detrás no me estropee la foto de finisher... Entro en meta en 1h15'21", terminando, para mi sorpresa, en la posición 39ª de 562 participantes.

Me ha gustado la experiencia de volver a participar en esta modalidad y no descarto para el próximo año repetir experiencia...


domingo, 11 de septiembre de 2016

Regreso anunciado tras un lustro de intervalo

El período de cuarentena de más de cinco años que he estado apartado del triatlón desde que terminara el Extrememan de Salou ha llegado a su fin. Mi tercer triatlon olimpico y primero de esta nueva etapa llega en un gran momento de forma. Me encuentro a un mes vista de mi gran reto del año, con buena parte de los deberes hechos, y con la fantástica sensación de observar cómo de una manera progresiva el cuerpo va asimilando perfectamente cada uno de los bloques en que he dividido mi preparación.



Al no ser federado, me corresponde una de las últimas salidas. A las 9:35h suena la bocina y vuelvo a entrar en sintonía oficialmente con el trideporte. Salgo más adelante de lo que solía hacerlo tiempo atrás, pero hay bastantes metros de amplitud para la salida y confío en llevar un ritmo decente para no molestar demasiado. Los primeros metros son, como siempre, frenéticos. Hay que situarse estratégicamente lo más rápidamente posible, sin dejar de dar brazadas, aguantando golpes, pues en breve el gran grupo de 200 triatletas se irá organizando por niveles y hay que estar atento para no equivocarse.



Yo tengo la suerte de encontrar pronto 'mis pies'. Ahí estaba mi sector, en esos pies a los que sin querer de vez en cuando daba una pequeña caricia en el final de algunas brazadas. Nos vamos alternando en la cabeza de un pequeño grupo 4 ó 5 triatletas, y casi sin darme cuenta, en un tiempo de 24'29" (1'38"/100m) salgo del agua para dirigirme a la primera transición, lenta, por cierto, pero no me importa; en un mes la T1 será todavía más lenta. Cuando salgo de la zona de boxes veo a dos triatletas que parecen estar organizándose. Contacto con ellos en un pequeño arreón, pero nadamás llegar, activan el turbo y se me van. Hubiera sido estúpido intentar ponerme a rueda de gente que me sacaría de punto fácilmente. Hago marcha en solitario... una vuelta, dos... Al principio de la tercera vuelta llegan dos a mi rueda. Les pido algo de colaboración y como buenamente pueden me dan algunos relevos. Así llegamos a la mitad de la cuarta y última vuelta. Me pasa un numeroso grupo con un ritmo que sé que puedo seguir pero queda muy poco para terminar este sector y decido 'dejarme llevar'. Será más fácil sacar tiempo en la carrera.

Con las piernas bastante enteras llego a la T2 con un parcial de 1h11'09" (33.73km/h). Allí está Carlos como juez y también como animador particular recordándome que me queda mi especialidad. Empiezo a correr sin tener la sensación de ir demasiado rápido, pero poco a poco voy superando a un gran número de triatletas cada kilómetro que pasa. Cuando encaro la última de las tres vueltas del recorrido a pie empiezo a sentir el cansancio en las piernas. A la fatiga que empieza a aparecer hay que añadir que son cerca de las 12 del medio día. El calor es cada vez más intenso y los avituallamientos de agua no son suficientes. Siento que bajo un punto mi ritmo. Ahora queda ya poco y los cálculos me dicen que si todo va bien estaré por debajo de las 2h30'.


Cuando subo la rampa de Veles e Vents, allí encuentro, entre la gente que se acumula en los últimos metros, los ojos de Ginvile. Insuflación de energía para el cuerpo y gran sonrisa en la cara para salir bien en las fotos. Junto a la meta, no se como pero mi madre se ha hecho un hueco y ahí está, como siempre, empujándome con sus ánimos. Termino el tercer sector en 42'38" (4'16"/km), un acumulado para el conjunto del triatlón de 2h22'58" y la posición 160 de más de 1200 participantes.

Estoy muy contento. En una prueba que era a priori demasiado rápida para mi preparación, he superado mis expectativas y mejorado mis tiempos en cada uno de los tres sectores en la distancia olímpica. Con esta gran inyección de moral, afronto desde mañana el último bloque de la preparación de mi segundo ironman. 



domingo, 16 de noviembre de 2014

La maratón de los arcángeles

Estoy en casa, recostado sobre la cama de mi habitación y con las piernas tan doloridas que no se si voy a tener ganas de moverme en toda la tarde. Piernas doloridas, si, pero con una gran sonrisa en la cara y una fantástica sensación en el cuerpo, ya que se trata de un dolor sano, los efectos secundarios posteriores de haber logrado superar un nuevo desafío en el que todo ha salido a pedir de boca.


Con la maratón de Valencia doy por oficializado el continente europeo, el quinto continente. Ha sido una carrera especial porque aunque corría en casa, esta vez era un deporturista (turista y deportista a la vez) que venía de un país lejano, porque la metereología nos ha ofrecido una de sus mejores versiones en el mes de noviembre, porque han sido muchos los amigos que han respondido a mi llamada, se han dejado ver por distintos puntos del recorrido y serán parte importante del recuerdo audiovisual que en breve empezaré a montar, y porque he tenido la oportunidad de compartir esta fantástica aventura de principio a fin con mi gran amigo Miguel. 

Miguel, que ya en el km5 estaba pensando en abandonar el barco en un momento de debilidad que se ha prolongado hasta aproximadamente el km12-15, pero que con el paso de los kilómetros cada vez se ha ido haciendo más y más fuerte. Tan fuerte lo he visto que a partir del ecuador de la carrera lo he lanzado hacia adelante hasta hacer en la segunda mitad  un parcial de 1h51'29'', casi diez minutos más rápido que la primera media maratón (1h59'18''), así de sencillo.

Si conseguir por uno mismo un buen registro es una sensación gratificante, ayudar a un amigo a conseguirlo es doblemente satisfactorio. A día de hoy me siento muy orgulloso de haber visto como Miguel superaba una dura batalla psicológica que lo tenía al borde del abandono, y que sorprendentemente ha supuesto la consecución su nueva mejor marca personal, que de momento se queda en 3h50'47''' (5'28''/km).


Siempre he sido bastante crítico con la maratón de Valencia, todavía lo sigo siendo, pero son tantas las buenas sensaciones que tengo ahora mismo en el cuerpo, que no tengo espacio para las deficiencias que para mi gusto ha tenido y sigue teniendo este evento, especialmente con los atletas populares.


Ahora es momento de dar un pequeño y merecido descanso a las piernas, aprovechar los días que quedan en casa, y nadamás regrese a Lituania, empezar a prepararme para el sexto continente, que ya está a la vuelta de la esquina.

jueves, 13 de noviembre de 2014

El quinto continente

Cada vez va quedando menos para cumplir mi sueño. 

Tengo la suerte de haber hecho mucho en poco tiempo: Sydney, Marrakech, Chicago, Río de Janeiro, todo ello en aproximadamente dos años. El camino no siempre ha sido fácil. Si cierro los ojos y viajo tres años atrás en el tiempo, me veo a mí mismo con una enorme ilusión depositada en un proyecto deportivo a gran escala, que una serie de infortunios en el periodo más accidentado de mi vida me obligaban a posponer su puesta de largo una y otra vez, primero cuando la microrrotura en los isquiotibiales no me dio otra alternativa que ver los toros desde la barrera en la maratón de Valencia y, meses más tarde, cuando el tendón de Aquiles hacía lo propio con la Maratona di Roma. Desde entonces he corrido dos maratones en España, Valencia (2012) y Castellón (2013), pero con el objetivo principal de quitarle minutos a mi marca personal, que a día de hoy está en 3h07'23'', sin la equipación de gala de las maratones internacionales, sin la GoPro..., de modo que no las puedo considerar parte de mi super-proyecto. 


Yo quería Roma. Hay otras que me atraen mucho como Berlín, Londres o Reykjavyk. ¿Pero por qué no aprovechar ahora la maratón de Valencia para hacer oficialmente mi quinto continente? En este momento es posible, más adelante..., quien sabe. Además, sería una pena no tener un recuerdo audiovisual de mi ciudad en uno de sus eventos más importantes del año, de las muchas caras conocidas que o bien como participantes o bien como espectadores seguramente se encuentren esa mañana de domingo a lo largo del recorrido: familia, amigos, compañeros de trabajo, profesores, alumnos... 


Sí, ya lo he decidido. Si todo va bien, Valencia se convertirá en mi quinto continente. Estoy seguro que será una carrera muy especial, porque en estos momentos estoy viviendo lejos de mi tierra y me siento como cuando voy a correr a un nuevo destino, porque voy a animar a la gente que me conoce a que se dejen ver en algún punto del recorrido para capturarlos con mi videocámara, porque como siempre mi familia va a estar empujándome como nadie más sabe hacer, porque por primera vez en mi vida no voy a correr solo, sino junto a mi mejor compañero de batallas deportivas, que con esta ya serán tres las maratones que llevará en sus piernas. 

Ni el uno ni el otro estamos tan entrenados como otros años. Aquí es practicamente imposible dar una sorpresa como cuando en septiembre casi sin entrenar bajé de la hora y media en la media maratón de Cheste. De todas maneras, esta vez el objetivo no va a ser el crono, sino disfrutar de toda una aventura de 42 kilómetros y pico. Sin embargo, de la manera que está planteada esta carrera, Miguel puede que consiga rebajar algo su mejor marca personal (3h55'03'')... Ahí queda eso. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

A challenge to the record

Un auténtico desafío es lo que me había planteado como objetivo principal para la 32ª Maratón de Valencia: no sólo rebajar mi anterior marca personal (3h27'18''), sino intentar detener el tiempo por debajo de las 3h20'.

Nunca en mi vida había terminado una carrera larga con buenas sensaciones en Valencia, ni las cuatro veces que había intentado hacer una buena marca en la media maratón, ni las dos veces anteriores que había probado suerte con la maratón. No quería volver a correr en Valencia; estaba convencido que el hecho de conocerme la ciudad como la palma de la mano jugaba un factor determinante en mi cabeza cuando corría largas distancias que condicionaba mucho mi rendimiento, especialmente en el último tercio de las carreras. Pero esta es mi ciudad, y no podía ser que desistiera con una excusa tan absurda en mi intento de terminar ya de una vez por todas una carrera con un buen sabor de boca. 

7934 era el dorsal que me había sido adjudicado, un número para salir a la cola del pelotón, pues en un primer momento la idea no era otra que hacer algo parecido a la maratón de Sydney, es decir, una carrera tranquila por encima de las cuatro horas. Pero las circunstancias hicieron que me decantara por el enésimo intento de superarme en mi tierra, la tercera vez que desafiaría mis límites fisiológicos, el crono y especialmente, esa barrera que tenía en mi cabeza cuando corría en Valencia que no me permitía competir tan bien como entrenaba... 

550km en siete semanas... El período de preparación deportiva más serio y duro de mi vida... Y ha valido la pena, madre mía si ha valido la pena... Lo que en un principio se esperaba que fuese una mañana pasada por agua, ha resultado ser un día perfecto para correr, la gente esta vez sí se ha volcado con la carrera, animando prácticamente por cada rincón de la ciudad, los avituallamientos han sido notablemente mejorados con respecto a otras ediciones, contaba con la experiencia de haber corrido otras tres maratones, experiencia que tenía que saber utilizar a mi favor para que no se repitiesen los errores del pasado, y además de todo ello, mis sensaciones durante toda la mañana han sido fantásticas, sin pensamientos absurdos sobre el recorrido, sino teniendo en todo momento la cabeza concentrada en el ritmo de 4'35''-4'45''/km que me había propuesto llevar, en la nutrición durante la carrera, en los siempre importantes ánimos de la familia, los amigos y los espectadores que hoy me han llevado en volandas durante todo el recorrido...


Estaba muy mentalizado para hacer una buena carrera. Si además añadimos el entrenamiento que he llevado durante mi período de preparación, no era una locura pensar que lo podía conseguir... He tenido un momento crítico en el mismo punto en que allá por el 2010 mis piernas y mi cabeza tiraron la toalla, pero esta vez estaba mucho más preparado... Hoy el muro ha pasado a ser una leyenda. No me he dejado llevar por malas vibraciones. En todo momento he estado dentro de mis tiempos, y eso era lo más importante. El paso por el kilómetro 41, la bajada al río, la meta sobre las aguas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el marcador con un tiempo por debajo de las 3h20' sabiendo que llevaba un desfase de más de dos minutos y medio desde la salida... Lo he conseguido!! No puedo estar más contento. Necesitaba una carrera así en Valencia.

Con un tiempo real de 3h17'12'' doy por cerrado el 2012, un año que empezó de la peor forma posible, con una inesperada lesión que todo apuntaba a muchos meses apartado del deporte, y que termina con la mejora en más de diez minutos de mi anterior mejor marca en una maratón. Ahora llega un merecido período de descanso hasta que en 2013 continúe mi aventura deportiva por los siete continentes.