El muro aparece en el km32, pero no es una consecuencia de haber gestionado mal la carrera, sino por haber llegado sin kilómetros al tramo final de la preparación. Sinceramente, para mi sorpresa, no esperaba que el fallo muscular apareciera tan tarde. Levanto el pie del acelerador, desaparece el ligero bagaje que llevaba acumulado hasta este punto y, sin piernas, empiezo a correr con la cabeza. Sigo tomando referencias cada dos kilómetros, ahora ya sí se hacen más largos, y estoy rodando pocos segundos por encima de 5'00''/km. Una lástima estas últimas semanas porque seguramente hubiese hecho una muy buena carrera.
domingo, 1 de diciembre de 2024
Más que una maratón
El muro aparece en el km32, pero no es una consecuencia de haber gestionado mal la carrera, sino por haber llegado sin kilómetros al tramo final de la preparación. Sinceramente, para mi sorpresa, no esperaba que el fallo muscular apareciera tan tarde. Levanto el pie del acelerador, desaparece el ligero bagaje que llevaba acumulado hasta este punto y, sin piernas, empiezo a correr con la cabeza. Sigo tomando referencias cada dos kilómetros, ahora ya sí se hacen más largos, y estoy rodando pocos segundos por encima de 5'00''/km. Una lástima estas últimas semanas porque seguramente hubiese hecho una muy buena carrera.
domingo, 21 de abril de 2024
Half IronMan, Full IronDad
domingo, 4 de diciembre de 2022
Un lastre de felicidad
Hay muchas metodologías de entrenamiento para preparar el reto de correr una maratón. Los objetivos pueden ser ambiciosos, explorando los límites fisiológicos personales, o bien puede plantearse la carrera con la esperanza de ser Finisher, sin darle importancia al crono. Podría decir que me encuentro a medio camino entre un planteamiento y el otro. Por una parte, llevo casi tres meses sin entrenar, con un lastre de más de 80kg sobre los pies, de modo que no se cómo va a responder mi cuerpo, y por otra parte, tengo que ser realista y, en estas condiciones, por mucho bagaje que lleve en mi vida como deportista de larga distancia, no debo pensar en otra cosa que no sea intentar cruzar la línea de meta sin ningún tipo de presión.
A las 08:55h tomo la salida en el penúltimo cajón, ligeramente por encima de 5'/km. No lo sé con exactitud porque he tomado la decisión de salir sin reloj. Me voy guiando con las horas de los termómetros que me voy encontrando por la ciudad. La climatología es perfecta para quienes vayan a buscar marca, nublado, sin viento. No es mi caso. A medida que van pasando los kilómetros, la energía va decayendo poco a poco. Al principio casi ni me doy cuenta, pero al llegar al km25, me doy un baño de realidad. Esto no es una broma. Una maratón siempre te pone en tu sitio. Si los deberes no están hechos, no se le pueden pedir milagros a las piernas. Si la musculatura no está preparada para soportar la dureza del paso de los kilómetros, el tío del mazo no te va a perdonar. Yo esta vez soy una de sus víctimas favoritas, uno de esos que salta al asfalto con más corazón que preparación. Me merezco la paliza que me ha dado cuando he pasado por su lado. Se ha cebado conmigo. En el km34, donde el año pasado una lesión en el gemelo me cortaba las alas en mi camino hacia un sub 3h15', este año he tenido que recurrir al método Galloway para salvar los muebles en una recta final que se me está haciendo muy cuesta arriba.
Aunque físicamente estoy machacado, la cabeza se ha mentalizado en que es cuestión de tiempo lograr el objetivo. En el dorsal está serigrafiado el nombre de mi pequeño guerrero. Las miles de personas que se se distribuyen por todo el recorrido animan a los corredores en todos los idiomas. Forza!! Vai!! Aupa!! Go go go!! Nadie de los que alcanza a leer el dorsal y rápidamente pronuncia ese nombre que cada vez que lo escucho me llena de energía, puede llegar a imaginar lo que me están ayudando a seguir adelante. Si en estos casi tres meses no he podido tener una preparación adecuada, es porque mi estilo de vida ha cambiado. Cuando hace un año me inscribí en la carrera, no sabía que doce meses después sería padre de familia.
Ahora mismo mis pensamientos están dirigidos casi al 100% en una sola dirección. No sé cuando volveré a competir, pero lo que sí tengo claro es que cuando lo haga, estaré en óptimas condiciones para poder volver a rendir lo mejor posible.
domingo, 5 de diciembre de 2021
La debilidad de Aquiles
Después que en 2020 las restricciones Covid hicieran de la maratón de Valencia un evento exclusivo para los élite en su 40 aniversario, la ilusión es máxima para esta edición. Con la inercia de la maratón de Londres y un planning semanal con tres días de carrera a pie, dos sesiones de natación, dos de gimnasio y alguna salida con MTB, siento que he hecho los deberes bastante bien para intentar lograr un nuevo sub3h30'.
Al pasar el ecuador de la carrera, el rango de tiempo va acercándose cada vez más a 9'20", pero no hay nada de que preocuparse. La energía no decae más de lo esperado; el Powerade y los suplementos energéticos Enervit de la organización están funcionando perfectamente como combustible, y además, tengo más de 2 minutos de renta.
Cambio de estrategia en el km28 al observar que voy perdiendo algo más de velocidad e intento marcar tiempos entre 9'20" y 9'30". En el km33 aparecen los problemas de verdad: una ligera molestia en el tendón de Aquiles de la pierna izquierda, la no operada. El dolor va a más, y a la altura del puente de Campanar, se hace insoportable. No puedo correr!! Intento trotar despacio, pero duele demasiado. ¿Qué pasa? Decido andar rápido. Molesta menos. Paso junto a Cadu, desgraciadamente sin "hacerlo tan fácil" como la primera vez que nos hemos visto por Blasco Ibáñez. Muscularmente estoy bien, pero esto es una lesión. Aprovecho un banquito para estirar fuerte. Me reincorporo a la carrera al trote 4' después de detener la marcha. Duele, pero apretando los dientes espero que algo se pueda hacer.
Ahora tomo referencias cada kilómetro, y el Timex muestra que el ritmo es de aproximadamente 6'/km. Quedan 8 kilómetros muy complicados por delante. No se hasta donde podrá aguantar la pierna. Los dos puntos de asistencia con Reflex se convierten en mis avituallamientos especiales. Estoy seguro que mi expresión es el reflejo del sufrimiento que estoy soportando, así que mis ojos solo miran el asfalto. ¡Ahí va! Sara ha tenido que saltar casi hasta la mitad de la calle para transmitirme fuerza con sus ánimos. ¡Gracias! A Mirna, que estaba justo a su lado, ni la he visto.
Pensando posibles causas, puede que la razón principal haya sido no haber calculado bien el kilometraje de las zapatillas (sólo las he usado para competiciones, eso si, durante años) y la pérdida de amortiguación haya sido el motivo por el que ha venido la lesión. En fin. Es momento de ponerse en manos de la buena fisio que tengo en casa y aprender de los errores para seguir viviendo este tipo de aventuras cuando las condiciones sean más favorables.
sábado, 8 de septiembre de 2018
Mediterránea Triatlón Valencia

Con la incertidumbre de la meteorología, que todo apuntaba que iba a descargar con fuerza durante todo el fin de semana, la falta de fiabilidad que por su antigüedad me transmitía mi antigua bicicleta de carretera, y un cuerpo lastrado con 7 kilos de bonus respecto a mi peso óptimo de competición, así me presentaba a la cámara de salida.Desde la travesía del Puerto de Sagunto, a mediados de Julio, no he ido a nadar más que 4 ó 5 veces. Salgo fuerte. Hay triatletas que nadan con los puños cerrados, porque al paso de la primera boya encajo un fuerte derechazo en toda la cara. Es un milagro que las gafas estén todavía en su sitio. No encuentro pies que me guíen, de modo que abro mi propio camino. A falta de unos 200m para terminar el sector, recojo a una gran cantidad de participantes que habían salido 5' antes. Vaya!! No estás tan oxidado Rafeta...
La segunda transición la completo en la mitad de tiempo que la primera. Quedan 5km de carrera a pie por delante. En teoría es mi punto fuerte, pero como comentaba al principio, llevo una mochila de buena vida que he ido cargando bastante bien durante los últimos dos meses. Mi sensación es que, aunque me cuesta, llevo un ritmo alto. No hay referencias en el circuito de carrera a pie, por lo tanto, tampoco puedo ir calculando la velocidad. Los últimos 500m aproximadamente, aprieto los dientes para que alguien que viene acelerando el paso por detrás no me estropee la foto de finisher... Entro en meta en 1h15'21", terminando, para mi sorpresa, en la posición 39ª de 562 participantes.domingo, 11 de septiembre de 2016
Regreso anunciado tras un lustro de intervalo
Al no ser federado, me corresponde una de las últimas salidas. A las 9:35h suena la bocina y vuelvo a entrar en sintonía oficialmente con el trideporte. Salgo más adelante de lo que solía hacerlo tiempo atrás, pero hay bastantes metros de amplitud para la salida y confío en llevar un ritmo decente para no molestar demasiado. Los primeros metros son, como siempre, frenéticos. Hay que situarse estratégicamente lo más rápidamente posible, sin dejar de dar brazadas, aguantando golpes, pues en breve el gran grupo de 200 triatletas se irá organizando por niveles y hay que estar atento para no equivocarse.
Yo tengo la suerte de encontrar pronto 'mis pies'. Ahí estaba mi sector, en esos pies a los que sin querer de vez en cuando daba una pequeña caricia en el final de algunas brazadas. Nos vamos alternando en la cabeza de un pequeño grupo 4 ó 5 triatletas, y casi sin darme cuenta, en un tiempo de 24'29" (1'38"/100m) salgo del agua para dirigirme a la primera transición, lenta, por cierto, pero no me importa; en un mes la T1 será todavía más lenta. Cuando salgo de la zona de boxes veo a dos triatletas que parecen estar organizándose. Contacto con ellos en un pequeño arreón, pero nadamás llegar, activan el turbo y se me van. Hubiera sido estúpido intentar ponerme a rueda de gente que me sacaría de punto fácilmente. Hago marcha en solitario... una vuelta, dos... Al principio de la tercera vuelta llegan dos a mi rueda. Les pido algo de colaboración y como buenamente pueden me dan algunos relevos. Así llegamos a la mitad de la cuarta y última vuelta. Me pasa un numeroso grupo con un ritmo que sé que puedo seguir pero queda muy poco para terminar este sector y decido 'dejarme llevar'. Será más fácil sacar tiempo en la carrera.
Con las piernas bastante enteras llego a la T2 con un parcial de 1h11'09" (33.73km/h). Allí está Carlos como juez y también como animador particular recordándome que me queda mi especialidad. Empiezo a correr sin tener la sensación de ir demasiado rápido, pero poco a poco voy superando a un gran número de triatletas cada kilómetro que pasa. Cuando encaro la última de las tres vueltas del recorrido a pie empiezo a sentir el cansancio en las piernas. A la fatiga que empieza a aparecer hay que añadir que son cerca de las 12 del medio día. El calor es cada vez más intenso y los avituallamientos de agua no son suficientes. Siento que bajo un punto mi ritmo. Ahora queda ya poco y los cálculos me dicen que si todo va bien estaré por debajo de las 2h30'.Estoy muy contento. En una prueba que era a priori demasiado rápida para mi preparación, he superado mis expectativas y mejorado mis tiempos en cada uno de los tres sectores en la distancia olímpica. Con esta gran inyección de moral, afronto desde mañana el último bloque de la preparación de mi segundo ironman.
domingo, 16 de noviembre de 2014
La maratón de los arcángeles
jueves, 13 de noviembre de 2014
El quinto continente
Tengo la suerte de haber hecho mucho en poco tiempo: Sydney, Marrakech, Chicago, Río de Janeiro, todo ello en aproximadamente dos años. El camino no siempre ha sido fácil. Si cierro los ojos y viajo tres años atrás en el tiempo, me veo a mí mismo con una enorme ilusión depositada en un proyecto deportivo a gran escala, que una serie de infortunios en el periodo más accidentado de mi vida me obligaban a posponer su puesta de largo una y otra vez, primero cuando la microrrotura en los isquiotibiales no me dio otra alternativa que ver los toros desde la barrera en la maratón de Valencia y, meses más tarde, cuando el tendón de Aquiles hacía lo propio con la Maratona di Roma. Desde entonces he corrido dos maratones en España, Valencia (2012) y Castellón (2013), pero con el objetivo principal de quitarle minutos a mi marca personal, que a día de hoy está en 3h07'23'', sin la equipación de gala de las maratones internacionales, sin la GoPro..., de modo que no las puedo considerar parte de mi super-proyecto. Sí, ya lo he decidido. Si todo va bien, Valencia se convertirá en mi quinto continente. Estoy seguro que será una carrera muy especial, porque en estos momentos estoy viviendo lejos de mi tierra y me siento como cuando voy a correr a un nuevo destino, porque voy a animar a la gente que me conoce a que se dejen ver en algún punto del recorrido para capturarlos con mi videocámara, porque como siempre mi familia va a estar empujándome como nadie más sabe hacer, porque por primera vez en mi vida no voy a correr solo, sino junto a mi mejor compañero de batallas deportivas, que con esta ya serán tres las maratones que llevará en sus piernas.
Ni el uno ni el otro estamos tan entrenados como otros años. Aquí es practicamente imposible dar una sorpresa como cuando en septiembre casi sin entrenar bajé de la hora y media en la media maratón de Cheste. De todas maneras, esta vez el objetivo no va a ser el crono, sino disfrutar de toda una aventura de 42 kilómetros y pico. Sin embargo, de la manera que está planteada esta carrera, Miguel puede que consiga rebajar algo su mejor marca personal (3h55'03'')... Ahí queda eso.
domingo, 18 de noviembre de 2012
A challenge to the record
Nunca en mi vida había terminado una carrera larga con buenas sensaciones en Valencia, ni las cuatro veces que había intentado hacer una buena marca en la media maratón, ni las dos veces anteriores que había probado suerte con la maratón. No quería volver a correr en Valencia; estaba convencido que el hecho de conocerme la ciudad como la palma de la mano jugaba un factor determinante en mi cabeza cuando corría largas distancias que condicionaba mucho mi rendimiento, especialmente en el último tercio de las carreras. Pero esta es mi ciudad, y no podía ser que desistiera con una excusa tan absurda en mi intento de terminar ya de una vez por todas una carrera con un buen sabor de boca. 


















