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domingo, 15 de julio de 2018

Travesia Platja Port de Sagunt


Con las rentas del entrenamiento del medio ironman de Almassora, además de 8 chapuzones contados en el ultimo mes, repartidos entre la piscina y el mar, y la confianza de nadar cada vez mas rápido tanto en las tiradas más largas como en los días de series, así llegaba a la travesía a nado de 5.000m de la Platja del Port de Sagunt.

La previsión del tiempo no se equivocaba, y la mañana se presentaba sin viento, con calor desde primerísima hora y el mar..., bueno, luego hablo del estado del mar.

Salida desde la arena a las 9h todas las categorias de la prueba larga de la mañana; había una segunda salida para los que tomaban parte en la travesía de 2200m a las 9:30h. La rompiente es más exigente de lo que parecía a la vista desde la orilla, pero gracias a la experiencia como socorrista en la playa, consigo superarla sin problemas. Con un mar limpio de olas por delante, llega la hora de mover los brazos. En los primeros cientos de metros mi sensación es que me superan muchísimos nadadores, pero mi objetivo no es hacer ranking sino intentar terminar en el tiempo que me había propuesto.

Después de la primera boya de giro, empieza a organizarse un gran grupo de aproximadamente 15 personas. Yo soy uno de ellos e intento encontrar mi sitio entre algún que otro golpe, caricias en los pies, una estela que me dejase agua limpia...


Llegamos al pantalán, que en el pasado servia para la carga en buques del mineral de hierro procedente de las minas de Ojos Negros, y que hoy se ha convertido en el icono de la travesía. Me siento tan cómodo en el grupo que cada cierto tiempo me puedo permitir alguna brazada de descanso. Llego incluso a pensar que si siguen a ese ritmo, llegado el momento iré hacia adelante yo solo. De momento prefiero ser conservador y aguantar un poco más, ya que puede que ni siquiera lleve más de 2 kilómetros completados.

Algunos minutos después, mientras me estaba recreando al ver las tolvas desde cerca, ya hacia el final del pantalán, en un abrir y cerrar de ojos, el grupo de repente se había estirado, el ritmo ya no era cómodo y la concentración pasaba a centrarse en resituarme de nuevo en la competición, a estar atento a los movimientos que se estaban produciendo a mi alrededor.


Giro de 180º al final del pantalán, e iniciamos el regreso  hacia la playa desde el punto más alejado de la costa. Me está costando seguir al grupo con el que había compartido mi aventura casi desde el inicio. Me quiero resistir a perder los pies del nadador que cierra el grupo. Empiezo a hacer la goma. Aparecen elementos que me distorsionan la concentración y la capacidad de apretar los dientes en un momento que necesito estar fuerte mentalmente. No soy capaz de adaptarme al mar de fondo que agita los alrededores del pantalán. Doy dos inesperados e inoportunos tragos de agua que rompen por momentos mi frecuencia respiratoria. Mi cabeza se ha ido de la competición. Siento que la energía empieza a abandonarme. ¿Quizás no cené todo lo adecuadamente que hubiese debido? Se me está haciendo muy largo el pantalán por el lado de retorno. Ya no puedo aguantar más el ritmo del grupo y se me escapan. Dos nadadores más se descuelgan e intento, al menos, permanecer cerca de ellos.


Dejo atrás el pantalán, así como a los nadadores que se habían descolgado del grupo. Sin embargo, empieza un calvario que ya no terminaría hasta prácticamente el final, primero con el vaivén del mar de fondo que esta vez viene lateral y en diagonal, y cada vez más me va torturando la cabeza más y más, y fundamentalmente, con la imposibilidad de aguantar el crawl durante no más de 5 minutos seguidos y tener que recurrir a braza de recuperación entre intervalos. No puede ser un desvanecimiento tan grande y que todavía quede una playa y media para terminar. Algo no encaja.

Tras la última boya de giro que me dirige hacia la playa, lucho con éxito por aguantar a un ritmo bueno hasta el final. Me ayudo de la rompiente a favor para dejarme llevar sobre las olas. Hago pie y aun a pesar de estar vacío, me permito un ligero trote para salir del agua. Cruzo la meta en un tiempo de 1h44'02", aproximadamente 20' más de lo que había previsto. Al parecer han salido unos 700m de más, y eso puede explicar el por qué de tal desfase. Estoy contento de ser finisher de mi segunda travesía de larga distancia, pero tengo que reconocer que he llegado demasiado justo de preparación y para el futuro esto tiene que servir de experiencia.

lunes, 15 de julio de 2013

XVIII Travesía Tabarca - Santa Pola

2010 me llevó por primera vez a Santa Pola... En aquella ocasión logré superar un reto que se me venía resistiendo desde hacía mucho tiempo en una media maratón. Tres años y medio más tarde regresaba al mismo lugar con un nuevo sueño, un reto deportivo para el que me había estado preparando a conciencia desde el mismo día de la inscripción.


Después que el año pasado me quedara a las puertas en el sorteo para poder participar en la travesía Tabarca - Santa Pola, esta vez las circunstancias han querido que fuera uno de los casi 1200 participantes que hoy tomarían la salida en la única prueba acuática en España cuyo recorrido se traza desde una isla, la más grande de la Comunidad Valenciana y la única habitada con cerca de un centenar de habitantes, hasta la península

Al contrario que muchas de las aventuras deportivas que se pasan por mi cabeza y que decido un día hacer realidad, esta vez no iba a desafiar yo solo este reto, sino que iba a estar acompañado por un gran amigo y compañero de veranos en la Malvarrosa, y un antiguo compañero de academia y entrenamientos de mi etapa de proyecto de bombero. 

Nuestra travesía particular había empezado ayer a medianoche cuando partíamos en autobús hacia Santa Pola en una noche en que apenas dormimos algo. La falta de horas de sueño unos la superaban con un potente café a primera hora de la mañana, otros con la emoción de estar a pocos minutos de afrontar un nuevo desafío. El blanco de la barrera de crema solar antimedusas con la que nos habíamos embadurnado de pies a cabeza era nuestro color de guerra, los brazos, las armas para esta tremenda batalla que a las 7:30 daba comienzo con el bocinazo de salida y que hacía de los primeros cientos de metros un 'sálvese quien pueda' que a mi me ha dejado un ojo morado por un fuerte encontronazo con otro nadador.


Después del primer kilómetro la carrera ya empezaba a poner a cada uno en su sitio. Yo, sin referencias al no llevar el reloj conmigo, me movía por sensaciones y con la cabeza centrada en que para llegar decentemente hasta el final tenía que dosificarme, ya que aunque cada vez me siento mejor en el medio acuático, todavía no tengo la misma confianza para arriesgar en el agua como cuando tengo los pies en el suelo. De todas maneras, llevaba acumulados cerca de 200 kilómetros de entrenamientos repartidos entre la piscina y el mar desde que empecé a prepararme esta prueba, las sensaciones en esos cuatro meses eran cada vez mejores cuanto más entrenaba y más se acercaba el día de la travesía, y como no podía ser de otra manera cuando uno hace las cosas bien, ese buen feeling de los entrenamientos seguían acompañándome en los primeros kilómetros de la prueba.


El paso por el ecuador de la travesía permitía a los participantes hacer un pequeño alto en el camino para beber algo de agua, pero yo he decidido no detenerme ya que por una parte, ninguna de las veces que he ido a nadar durante mi preparación he tomado nada, y por otra parte, no quería romper un ritmo que en ese momento era muy bueno.

Con casi cinco kilómetros en los brazos las fuerzas han empezado a entrar en reserva, me he visto con ganas de llegar de cualquier manera y ese ansia no ha hecho otra cosa que hacerme perder mi ritmo de brazadas, desconcentrarme en la técnica de nado, y a la postre que se me estuviese atragantando la travesía durante algunos minutos. Por suerte, soy un deportista de fondo y se como superar ese tipo de sensaciones negativas que ya alguna otra vez había tenido, de modo que tan pronto como me he dado cuenta de la serie de errores en cadena que estaba cometiendo, he vuelto a concentrarme en lo que estaba haciendo, a sentir que con cada brazada iba avanzando metros, en la frecuencia de las respiraciones... Tanto me había vuelto a centrar en la prueba que cuando menos me he dado cuenta había una persona a mi lado... de pie!! Lo había vuelto a conseguir...

Con un tiempo final de 1h46'22'' pasaba por la línea de meta, casi un cuarto de hora por debajo de mis previsiones, con el objetivo superado de haber completado todo el recorrido a crawl sin utilizar la braza en ningún momento, sabiendo que había hecho algún metro de más al haber elegido el lado equivocado de boyas, pero, y esto es lo más importante, con un nuevo reto superado y un sueño más que veo como se cumple.

Sin descuidar la natación por su relación con mi trabajo, con esta travesía doy por terminada la temporada de retos acuáticos por este año para empezar a preparar mi siguiente reto maratoniano.