domingo, 10 de diciembre de 2023
Bodas de Plata Maratonianas
domingo, 4 de diciembre de 2022
Un lastre de felicidad
Hay muchas metodologías de entrenamiento para preparar el reto de correr una maratón. Los objetivos pueden ser ambiciosos, explorando los límites fisiológicos personales, o bien puede plantearse la carrera con la esperanza de ser Finisher, sin darle importancia al crono. Podría decir que me encuentro a medio camino entre un planteamiento y el otro. Por una parte, llevo casi tres meses sin entrenar, con un lastre de más de 80kg sobre los pies, de modo que no se cómo va a responder mi cuerpo, y por otra parte, tengo que ser realista y, en estas condiciones, por mucho bagaje que lleve en mi vida como deportista de larga distancia, no debo pensar en otra cosa que no sea intentar cruzar la línea de meta sin ningún tipo de presión.
A las 08:55h tomo la salida en el penúltimo cajón, ligeramente por encima de 5'/km. No lo sé con exactitud porque he tomado la decisión de salir sin reloj. Me voy guiando con las horas de los termómetros que me voy encontrando por la ciudad. La climatología es perfecta para quienes vayan a buscar marca, nublado, sin viento. No es mi caso. A medida que van pasando los kilómetros, la energía va decayendo poco a poco. Al principio casi ni me doy cuenta, pero al llegar al km25, me doy un baño de realidad. Esto no es una broma. Una maratón siempre te pone en tu sitio. Si los deberes no están hechos, no se le pueden pedir milagros a las piernas. Si la musculatura no está preparada para soportar la dureza del paso de los kilómetros, el tío del mazo no te va a perdonar. Yo esta vez soy una de sus víctimas favoritas, uno de esos que salta al asfalto con más corazón que preparación. Me merezco la paliza que me ha dado cuando he pasado por su lado. Se ha cebado conmigo. En el km34, donde el año pasado una lesión en el gemelo me cortaba las alas en mi camino hacia un sub 3h15', este año he tenido que recurrir al método Galloway para salvar los muebles en una recta final que se me está haciendo muy cuesta arriba.
Aunque físicamente estoy machacado, la cabeza se ha mentalizado en que es cuestión de tiempo lograr el objetivo. En el dorsal está serigrafiado el nombre de mi pequeño guerrero. Las miles de personas que se se distribuyen por todo el recorrido animan a los corredores en todos los idiomas. Forza!! Vai!! Aupa!! Go go go!! Nadie de los que alcanza a leer el dorsal y rápidamente pronuncia ese nombre que cada vez que lo escucho me llena de energía, puede llegar a imaginar lo que me están ayudando a seguir adelante. Si en estos casi tres meses no he podido tener una preparación adecuada, es porque mi estilo de vida ha cambiado. Cuando hace un año me inscribí en la carrera, no sabía que doce meses después sería padre de familia.
Ahora mismo mis pensamientos están dirigidos casi al 100% en una sola dirección. No sé cuando volveré a competir, pero lo que sí tengo claro es que cuando lo haga, estaré en óptimas condiciones para poder volver a rendir lo mejor posible.
domingo, 5 de diciembre de 2021
La debilidad de Aquiles
Después que en 2020 las restricciones Covid hicieran de la maratón de Valencia un evento exclusivo para los élite en su 40 aniversario, la ilusión es máxima para esta edición. Con la inercia de la maratón de Londres y un planning semanal con tres días de carrera a pie, dos sesiones de natación, dos de gimnasio y alguna salida con MTB, siento que he hecho los deberes bastante bien para intentar lograr un nuevo sub3h30'.
Al pasar el ecuador de la carrera, el rango de tiempo va acercándose cada vez más a 9'20", pero no hay nada de que preocuparse. La energía no decae más de lo esperado; el Powerade y los suplementos energéticos Enervit de la organización están funcionando perfectamente como combustible, y además, tengo más de 2 minutos de renta.
Cambio de estrategia en el km28 al observar que voy perdiendo algo más de velocidad e intento marcar tiempos entre 9'20" y 9'30". En el km33 aparecen los problemas de verdad: una ligera molestia en el tendón de Aquiles de la pierna izquierda, la no operada. El dolor va a más, y a la altura del puente de Campanar, se hace insoportable. No puedo correr!! Intento trotar despacio, pero duele demasiado. ¿Qué pasa? Decido andar rápido. Molesta menos. Paso junto a Cadu, desgraciadamente sin "hacerlo tan fácil" como la primera vez que nos hemos visto por Blasco Ibáñez. Muscularmente estoy bien, pero esto es una lesión. Aprovecho un banquito para estirar fuerte. Me reincorporo a la carrera al trote 4' después de detener la marcha. Duele, pero apretando los dientes espero que algo se pueda hacer.
Ahora tomo referencias cada kilómetro, y el Timex muestra que el ritmo es de aproximadamente 6'/km. Quedan 8 kilómetros muy complicados por delante. No se hasta donde podrá aguantar la pierna. Los dos puntos de asistencia con Reflex se convierten en mis avituallamientos especiales. Estoy seguro que mi expresión es el reflejo del sufrimiento que estoy soportando, así que mis ojos solo miran el asfalto. ¡Ahí va! Sara ha tenido que saltar casi hasta la mitad de la calle para transmitirme fuerza con sus ánimos. ¡Gracias! A Mirna, que estaba justo a su lado, ni la he visto.
Pensando posibles causas, puede que la razón principal haya sido no haber calculado bien el kilometraje de las zapatillas (sólo las he usado para competiciones, eso si, durante años) y la pérdida de amortiguación haya sido el motivo por el que ha venido la lesión. En fin. Es momento de ponerse en manos de la buena fisio que tengo en casa y aprender de los errores para seguir viviendo este tipo de aventuras cuando las condiciones sean más favorables.
domingo, 24 de noviembre de 2019
Donostiako Maratoia 2019
Km16. Al paso por el hotel, llegan los primeros ánimos de mi afición personal. El panorama ha cambiado mucho desde que salí a primera hora de la mañana, y en estos momentos la climatología es más parecida al Mediterráneo en esta época del año, con sol y temperatura muy agradables.
domingo, 29 de septiembre de 2019
Un sueño hecho realidad
jueves, 18 de abril de 2019
El Masters de las Maratones
Estos días leía en un artículo que el Commonwealth's Patriot's Day, que tiene lugar cada año el tercer lunes de Abril, es para el running lo que el Masters de Augusta para el golf. Como sucede en este prestigioso torneo, uno no puede apuntarse y participar así sin más, sino que previamente debe ganarse su plaza según unas marcas mínimas. Mi clasificación la conseguí en Sevilla en febrero del año pasado al rebajar en ocho minutos el tiempo de corte para mí grupo de edad.
Las previsiones meteorológicas para el día de la carrera son más bien complicadas, con abundante lluvia y la incertidumbre de saber cuál será la dirección en que soplará el viento, factor clave puesto que se trata de un recorrido lineal, desde Hopkinton hasta Boston. Los consejos de algunos corredores que van a participar y que ya cuentan con la experiencia de otras ediciones sirven para distorsionarme la mente y hacerme ver que voy a hacer un kamikaze, que batir la marca personal en esta carrera a la primera es algo que está solo al alcance de muy pocos.
Consigo mi tercera mejor marca personal en maratón con un tiempo de 3h10'36" (4'31"/km), pero me siento algo decepcionado conmigo mismo por no haber sido capaz de estar más fuerte mentalmente y poder controlar mejor los factores externos, ya que físicamente no estoy tan castigado como debería si realmente no hubiera podido dar más de mi. El exceso de información ha minado mi moral en el momento clave, de modo que en los próximos retos serios, cuanto menos sepa y menos mentalizado vaya ante lo que me voy a encontrar, menor sera la presión y mayor será será el rendimiento, seguro.domingo, 4 de noviembre de 2018
Una fiesta de 26.2 millas
Estoy en Nueva York, tal vez con la preparación más escasa de siempre y con la dieta menos indicada para afrontar una prueba de estas características, pero con la experiencia acumulada de miles de kilómetros en las piernas y la emoción infinita que siempre me proporciona la posibilidad de añadir una maratón más a mi cada vez más extensa colección. Sin duda, vivir al máximo la experiencia de ser parte activa de un espectáculo único y conseguir ser finisher son los dos grandes objetivos del día.
Con un tiempo final de 3h57'11" cruzo la línea de meta de mi tercera World Major Marathon en mi segunda experiencia americana. Hoy ha sido más una fiesta que un reto, pero he sufrido tanto o más como cuando busco mejorar la marca personal.domingo, 25 de febrero de 2018
Sevilla tiene un color especial
Hacía mucho tiempo que no preparaba una maratón a conciencia, ya que los dos últimos años había estado volcado con el triatlon de larga distancia. La puesta a punto me iba a tener entretenido unos meses, la motivación era máxima y mi cuerpo ya me pedía dosis de esfuerzo y adrenalina.
El entrenamiento que diseñé antes del planning específico era el aperitivo para el menú de 14 semanas con el que esperaba llegar a Sevilla con opciones de cumplir un sueño... Sin embargo, en la semana 2, una inoportuna lesión en los isquiotibiales de la pierna izquierda minaba mi moral, obligándome a hacer una pausa de casi un mes. Al poco de reincorporarme a los entrenamientos, un tremendo resfriado me dejaba fuera de combate una semana más. Aunque las últimas semanas me dejaron muy buenas sensaciones, sentía que la preparación había sido insuficiente para un objetivo tan exigente.Son cerca de las 8:30h. La mañana es algo fría, el cielo está totalmente cubierto y parece que en cualquier momento va a empezar a llover. Me encuentro lejos del globo de las 3 horas, porque por mucho que ayer intenté explicarle al responsable de incidencias que mi objetivo era más exigente que mi actual marca, no me acreditó para entrar en el siguiente cajón. Me mentalizo en que si no es posible alcanzar el sueño hoy, el gran objetivo del día es mejorar la marca que en su día consiguiera en Castellón.
Salgo a 4'25"/km, según lo planificado. Tomo referencias cada dos kilómetros. Decido marcarme un rango de tiempos que me obligue a llevar un ritmo lo suficientemente vivo para estar en números buenos y, al mismo tiempo, que me permita un pequeño margen de error. Estoy muy concentrado en mi plan de carrera, la suplementación energética, la hidratación. Paso la media maratón en 1h31'49". Mantengo la cabeza fría. Queda todavía mucho por delante, la parte más dura, lo que marca la diferencia entre una maratón y cualquier otra carrera en ruta.
El día está aguantando nublado. El clima es ideal. El ritmo no decae. Sigo muy concentrado. Le doy una colleja al tío del mazo que está esperando víctimas en el km30 y le digo que hoy no me coge ni en patinete. La organización ha tenido el detalle y buen gusto de hacer entrar la maratón por la Plaza de España, sin duda, uno de esos lugares que por su belleza me vendrían a la cabeza sin pensarlo en una lista de mis lugares favoritos. Me siento con energía para subir un punto el ritmo. Dejo atrás a dos corredores con los que había compartido buena parte de la carrera y me lanzo en solitario a la aventura. Son cientos las personas que se acumulan a lo largo de la calle Trajano. El habitual espacio reservado para los tranvías, hoy se ha convertido en un estrecho pasillo de espectadores que con sus ánimos hacen menos duros estos últimos miles de metros. Mis sensaciones son fantásticas. Sigo como un tiro. He entrenado así, para estar fuerte al final, y en estos momentos estoy recogiendo los frutos de mi preparación.
Paso el km 41 y escucho una voz familiar... Rafa vamos!! Es Ginvile que me da el último empujón antes de entrar al estadio de la Cartuja. Después de atravesar el túnel de acceso, entro en contacto con la pista de atletismo y la emoción se apodera de mi. Quedan 300 metros para completar mi mejor registro en maratón. En décimas de segundo pasan por mi cabeza cientos de recuerdos, de la maratón, de los entrenamientos, de la lesión. Despierto en la recta de meta. La grada lateral está repleta de espectadores. Cruzo la meta con un tiempo de 3h02'06" (4'18"/km), mi nueva marca personal. Me vienen a la cabeza interrogantes como qué hubiese pasado de haber salido con los prácticos de las tres horas, o si debería haber subido un punto el ritmo a partir de la media maratón. Sacudo la cabeza y me digo que hoy era el día de quedarse a las puertas, de tener la confianza que es posible lograr el sueño, que está más cerca que nunca.domingo, 26 de abril de 2015
Cum Laude en Varsovia
Mi décima maratón me llevaba hasta la capital de Polonia, adonde un año atrás me quedé con las ganas de ir por una lesión de última hora. Lo que estaba claro era que tarde o temprano Varsovia me vería correr por sus calles ya que algo me decía que su maratón de abril tenía muy buena pinta... y mi sexto sentido no estaba equivocado. La Orlen Warsaw Marathon es el evento deportivo que a día de hoy mejores sensaciones de organización me ha dejado de cuantas he participado en mi vida. No había ni un solo detalle dejado al libre albedrío. Los aledaños del moderno estadio Narodowy se habían convertido en una gran disposición de gigantescas carpas con todo tipo de servicios para corredores y espectadores: sala de masajes, duchas, vestuarios, bares, restaurantes, parques infantiles, además de una completísima expo en donde finalmente pude comprar los suplementos energéticos que no encontré por ninguna parte en Kaunas.A diferencia del sábado, día fantástico, soleado y alrededor de 24ºC en sus horas centrales, el domingo amanecía nublado, frío y con una ligera llovizna refrescante que agradecería durante todo el recorrido.
Avenida Wybrzeze Szczecinskie. Casi 8.000 personas aguardamos el inicio de la maratón hasta que a las 9:30 el pistoletazo de salida indicaba el comienzo de la prueba reina del fin de semana. Al encontrarme en el segundo cajón, me veo obligado a hacer una salida rápida y prolongarla durante unos cuantos minutos para no molestar a los que vienen desde atrás con metas más exigentes que la mía. La idea sería intentar mantener un ritmo inferior a 5'/km para terminar en menos de 3h30', un objetivo asequible y abierto a mucho margen de mejora según fuera transcurriendo la mañana. Son solo los primeros kilómetros y ya estoy rodando mucho más rápido de lo que debería, y yo se de sobra que esto especialmente en una maratón termina pasando factura. Bueno Rafa, la renta que cojas ahora la perderás luego, porque a este ritmo a duras penas llegarás al kilómetro 30, donde el tío del mazo te pondrá en tu sitio. Bah!! Mientras baje de 3h30' contento...
Han pasado tres horas desde que crucé el puente Swietokrzyski por primera vez, y ya estoy de nuevo ahí. Es el kilómetro 40 y para desviar de la cabeza los primeros síntomas claros de fatiga que empiezan a aparecer, retrocedo unas horas en el tiempo hasta situarme en la tarde de ayer, cuando corría junto a Ginvile los últimos dos kilómetros de su 4.6 km "biegam, bo lubie pomagam" charity walk-run. Hoy ella es una espectadora más, la imagen que más ganas tenía de ver. Puede que ni siquiera un cuarto gel me hubiera dado más energía en el momento en que allá a lo lejos Ginvile asomaba la cabeza, me regalaba una gran sonrisa y me hacía volar hacia la línea de meta, que se encontraba a apenas 100 metros de donde ella se encontraba. Con un tiempo real de 3h12'08'' conseguía, para mi sorpresa, mi segunda mejor marca personal en una mañana en que todo había salido a pedir de boca.Con un fin de semana espectacular y unas fantásticas sensaciones deportivas en la pequeña expedición lituana desplazada a Polonia doy por terminada la temporada de maratones como mínimo hasta después de verano.
martes, 10 de marzo de 2015
Desafío extremo en la Antártida
¿¡Una maratón en la Antártida!? ¿Pero eso existe? Estas han sido algunas de las preguntas más repetidas en las semanas previas a mi aventura en el continente blanco, uno de esos lugares de la Tierra que por sus especiales características y valor ecológico son únicos y de difícil acceso, y a donde a día de hoy puedo decir que soy un afortunado de tener la posibilidad de estar allí en persona y ver con mis propios ojos lo que tantas veces vemos en documentales.El haber pasado de correr con cierto ritmo a caminar me ha hecho perder la temperatura corporal que me mantenía caliente, y ya no la recuperaré hasta la ansiada ducha que me espera en el barco, casi una hora más tarde. Estoy frío, me tiemblan los brazos, apenas siento los dedos de las manos, tengo las piernas llenas de calambres, necesito agua y algo de comer. Las sensaciones no son para nada buenas. El kilómetro a kilómetro se ha convertido en el metro a metro.
A falta de 2 kilómetros escalo una posición. Dariusz está parado haciendo estiramientos. Tiene muchos problemas en uno de sus gemelos. Un poco de energía vuelve a mi. Aprieto los dientes como puedo para que este trote pachanguero que llevo no se venga abajo. Quedan solo 500 metros y Dariusz me vuelve a pasar. Aunque tengo que admitir que me da rabia no haber podido aguantar un poco más ya que entre nosotros dos estaba el honor de ser el primer europeo, ya no me importa demasiado este hecho, pues estoy concentrado en mi objetivo, que ya veo a lo lejos: manchas rojas que poco a poco van tomando forma y empiezo a reconocer a Thom, Kelly, John, Anita, el equipo de Oneocean... LA META!! Echo mano del reservorio de energía que siempre guardo para salir bien en las fotos de llegada a meta, elimino como puedo de la cara el gesto de machacado antártico y completo mi sexto continente con una gran sonrisa y un tiempo de 4h06'20'', terminando en novena posición de la general (después de sumar los tiempos de los dos barcos) y un inesperado segundo puesto en mi grupo de edad (30-39 años). 

















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