Hace algunas semanas llegó la nieve a Lituania, y con ella la preparación para mi siguiente aventura encontraba las condiciones ideales para probar la respuesta del organismo a correr bajo cero, el agarre de las zapatillas sobre una superficie distinta de la habitual, la ropa y los complementos de invierno que tengo pensado llevar...
La sensación de salir a correr sobre nieve, especialmente cuando la máquina todavía no ha trazado un sendero, es como si se corriera sobre arena. Las piernas sufren un desgaste extra que con el paso de los kilómetros se manifiesta en un cansacio demasiado grande para la distancia recorrida, algo a tener muy muy en cuenta para dosificar con cuentagotas la energía que se va consumiendo ya que si por algo se caracteriza el destino de mi siguiente maratón es precisamente por la nieve, o peor aun, por el hielo.
Me encuentro a menos de tres semanas de partir hacia un sueño. La preparación es ideal, la emoción máxima, y ahora solo deseo que el factor suerte esté de mi lado para que todo salga bien.
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